ilolay es una empresa láctea con sede en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, que posee 3 plantas fabriles ubicadas en el corazón de la cuenca lechera argentina. Procesa 560 millones de litros de leche al año que se transforman en una completa línea de productos comercializados bajo la marca ilolay.
Es una empresa que tiene una fuerte herencia familiar y más de 50 años ininterrumpidos en la elaboración de helados 100% artesanales en el país. A lo largo de los años, se comprometió en dar a sus clientes el mejor producto y ello, por ejemplo, la llevó a ser de las primeras heladerías en incorporar la norma internacional de calidad ISO 9001-2008 y también cuenta desde 2007 con la certificación HACCP. En 2011, sumó la certificación ISO 22000-2005. Con sus treinta y dos locales, continúa creciendo en busca de acercar a la gente el mejor helado artesanal y una propuesta completa en cafetería y productos deli.
Jauja nació como un emprendimiento familiar y se convirtió en un empresa de familia con valores muy claros: utilizar materias primas genuinas, trabajar en equipo, respetar la naturaleza, amor por la tarea, buscar el disfrute y generar momentos de felicidad.
Desde nuestros primeros helados en la Patagonia hasta nuestras tiendas actuales, seguimos siendo una empresa de familia. Cada receta, cada sabor y cada producto nace del mismo propósito: hacer las cosas bien, sin atajos, con autenticidad y dedicación.
Creamos helados, chocolates, alfajores, pastelería y café de especialidad, y también abrimos espacios para compartirlos: cafetería, restaurante y tienda. En todos ellos, buscamos que la experiencia sea coherente con nuestra filosofía: artesanal, honesta, original y entretenida.
No perseguimos modas: preferimos la coherencia, la experimentación responsable y la conexión con quienes nos eligen. Somos cocineros, productores, creativos y soñadores. Y también una familia que entiende que la verdadera innovación se construye desde la raíz.
Jauja no es solo una marca: es una forma de mirar el mundo, con sabor, humor y sentido. Una invitación a detenerse, disfrutar y recordar que la felicidad, a veces, también se disfruta compartiendo cosas ricas.